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Dando aletazos

Nota especial publicada en la revista Caretas


"Vamos a conocer las principales amenazas del delfín rosado, su importancia y su interacción con la pesca artesanal de la población", detalla a Caretas el ingeniero forestal Enrique Neyra, jefe de la Reserva Nacional Pacaya Samiria desde hace dos años.

Los datos que necesita están al alcance de una aleta. Con un transmisor satelital adherido a esa parte del cuerpo, cuatro delfines rosados nadan por las aguas del área protegida en Loreto. El aparato pesa 60 gramos y recopila información precisa sobre la distribución, hábito y comportamiento de la especie, incluida en la lista de animales en peligro de extinción.

La data será recogida hacia finales de marzo por el equipo que integran los especialistas del Servicio Nacional de Áreas Naturales Protegidas por el Estado (SERNANP) y las asociaciones World Wildlife Fund (WWF) y Pro Delphinus.

Con el estudio se podrán combatir las amenazas del delfín, que van desde la caza para la industria de la pusanga (un elixir para amarres utilizado por curanderos) hasta la contaminación del agua por la actividad minera y la construcción de viviendas en su hábitat.

Estas prácticas llevaron a que la Unión Internacional para la Conservación de la Naturaleza estimara que la especie podría desaparecer en los próximos 50 años.

Neyra agrega que entre las necesidades está "un estudio más detallado para saber el índice total de delfines que tenemos". Así se podría mantener un control riguroso y constante de la población.

Además, cuenta el encargado, "la población nos ayuda en la preservación, pero se beneficia de los recursos". El trabajo con la comunidad es a través de planes de manejo ejecutados por 53 grupos de 10 a 12 personas. En total, están involucradas casi 500 familias que viven dentro y fuera de la reserva, en su mayoría de la etnia Cocama Cocamilla.

Ellos aprovechan "recursos como el aguaje, el paiche y el asaí", enumera Neyra, quien expresa su preocupación por consolidar las cadenas de valor. "Muchas veces tenemos el recurso, pero nos falta buscar el mercado y posicionar el producto en regiones nacionales e internacionales", cuenta. Sabe que la clave está en las alianzas estratégicas.

A los delfines rosados y grises que nadan por Pacaya Samiria se les suman otras mil especies como el puma, la sachavaca, la maquisapa, la garza blanca y un largo etcétera que habita y se reproduce en las dos millas 80 mil hectáreas de la reserva. Y eso sin contar a los más de 900 tipos de plantas que crecen en la reserva natural. El esfuerzo está orientado a no perder ni una sola, ya sea en flora o en fauna.


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